Es una ruta que carece de dificultad.
Partimos del pueblo La Garganta y el primer tramo, siempre descendiente, discurre entre castaños y robledales
vestidos con los colores otoñales. Junto con las piedras cubiertas de musgo
delimitan el sendero tapizado de hojas. Hay que tener precaución con estas hojas
que al estar húmedas, resbalan.